CAMPAÑAS

Para mí, la campaña para las Elecciones al Parlament de Catalunya 2024 ha sido diferente. Primero porque no tuve que participar. Y segundo, y más importante, porque un problema de salud, hizo que la siguiera durante una semana desde el hospital.

Una vez fuera de peligro y en pleno proceso de recuperación del susto, he tenido tiempo suficiente para fijarme en detalles que antes no podía o no quería contemplar, y así, ver la campaña desde otra perspectiva.

Una de las cosas que he vuelto a comprobar es la capacidad que tiene el ser humano para engañarse a sí mismo. Algunos nos engañamos con unas cosas y otros se engañan pensando que el PSOE o el PSC son partidos de izquierdas. Aunque algo tienen, eso sí, su capacidad para capitalizar el esfuerzo, el trabajo y la exposición de otros. Lo hicieron con el PCE de la clandestinidad y la transición y lo han hecho con Podemos en el gobierno de coalición.

A ERC, sus dos almas y todos estos años nadando entre dos aguas, han acabado pasándole factura. Los que aún creen que el procés, en los términos que impone Puigdemont, es posible, les han abandonado. Y los que aún creen que no se puede ser de izquierdas aplicando políticas de derechas, como las que propone el Junts de Puigdemont, también les han abandonado.

Junts ha reunido a la gente que aún cree que el procés, en las formas y tiempos que trata de imponer Puigdemont, es posible. Su discurso, como siempre, ha tenido poco o ningún contenido político, pero hay quien quiere oír lo que dice, aún a sabiendas de la imposibilidad, en estos momentos, de conseguir su propósito.

De la derecha ultra del PP y la ultraderecha de VOX, no merece la pena decir nada porque no hay nada que decir de un discurso vacío de política, pero muy peligroso, que hay que combatir con ideas y derechos. En cuanto a Societat Civil no salgo de mi asombro al sentir que retrocedemos siglos en el tiempo, para situarnos otra vez en una especie de cruzada contra el infiel. Un espanto.

En cuanto a la CUP ha pagado el precio del momento que vivimos. El independentismo está en retroceso y la preocupación por las políticas sociales de una forma sincera, no interesa mucho al conjunto de la sociedad.

Y para el final he dejado a Comuns Sumar. Enésima denominación con la que se presenta a unas elecciones ICV y enésima vez que han conseguido llevarla a la irrelevancia. Otras fuerzas han demostrado que la politica social no puede ir de sillas. Han conseguido envolver a su nuevo espacio en sus contradicciones. Ya no es suficiente con un discurso superficial cargado de eslóganes y frases hechas. Ni captar y reconvertir, aunque no han tenido que esforzarse mucho, a gente de otros espacios, como su cabeza de lista Jessica Albiach o Ada Colau. Ya no es suficiente para mantenerse y solo los convierte en conversos de su causa insustancial.

Comuns Sumar registró su peor resultado en unas autonómicas desde que nacieran las confluencias al calor de la irrupción de Podemos. Perdieron dos diputados en el Parlament. No entendí, que su cabeza de lista subiera, esa noche, al escenario con una gran sonrisa y entre aplausos, como si hubieran ganado algo. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. La soberbia es mala hasta en política.

De Podem no puedo decir nada. No se presentó. Algún día diré lo que pienso.

Quince días después se inicia otra campaña esta vez para el Parlamento Europeo. Me gustaría oír hablar de política y de propuestas, pero no tengo muchas esperanzas. Y lo siento de verdad, sobre todo por la ciudadanía.

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