Política

La política es muy desagradecida. Sobre todo, si intentas salir de ella manteniendo tu honestidad, dignidad y coherencia. En esos casos sueles salir quemado. Aunque si te acomodas a sillones, alfombras y cargos bien remunerados puedes salir más rico y ufano que cuando entraste. Lo triste es que te acaban metiendo en el mismo saco.

Yo estoy entre los del primer grupo. A mí me interesa la política desde los 10 años, desde que me sentaba en la cocina a desayunar con mi abuelo, antes de ir al colegio, mientras el oía «España a las 8» de Radio Nacional de España, esperando escuchar algo que no se oiría hasta 5 años después de su muerte. “Españoles, Franco ha muerto”.

Yo de joven quería ser sociólogo. Pero en este país eso no se podía estudiar. Aunque si Religión y Formación del Espíritu Nacional en el bachillerato.

Como no pude estudiar Sociología, estudié Historia y, en un alarde de ingenuidad máxima, decidí que si perseguía la verdad de los hechos no podía estar influenciado por la militancia en ningún partido, aunque mis ideas fueran claras y rotundas.

Así que participe en huelgas y manifestaciones obreras y estudiantiles, pero siempre desde fuera de cualquier militancia.

Ya de mayor, con una mochila cargada de momentos donde veías como las esperanzas de muchos se las cargaban los intereses de unos pocos, leí a Hessel y Sampedro y vi a toda esa juventud, y a todas esas personas no tan jóvenes en las plazas. Y vi que un grupo de jóvenes profesores universitarios recogían el testigo de las plazas y creaban un partido. Y volví a ilusionarme, como el niño de diez años, o como el adolescente de 17, y por primera vez en mi vida me afilié a un partido. A un partido recién creado, a un partido que se fundaba de y para la gente.

Más de 10 años después no me arrepiento de haberlo hecho. Han sido años intensos, de alegría y de tristeza, de sonrisas y de impotencia, pero no me arrepiento. He sido regidor durante ocho años, en la oposición, a pesar de recibir propuestas de gobierno sin que me necesitaran en él. No me he sentado en sillones, ni he pisado alfombras. Pero he visto de cerca como mantener tus principios puede llevarte a acabar como Julio Cesar.

No me arrepiento, pero si me duele haber comprobado que el desafecto hacía los políticos y la política tiene un trasfondo real. Personas que utilizan la política como oportunidades y trampolines profesionales y partidos que funcionan como empresas, pero sin riesgo de pérdidas y ganancias económicas. Y lideres que se rodean de acólitos antes que de afines.

Decía que mi conciencia política empezó a los diez años y estoy convencido de que me seguirá acompañando mientras siga por aquí. Seguiré en el combate, aunque creo que preferiría volver a ser aquel proyecto de historiador ingenuo.

Rafael Roldán Gavete                    

30 de enero de 2024

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